
Diagnóstico de piel
Una lectura tranquila de tu piel: tipo, barrera, zonas que se resecan y las que brotan. Sales con el orden escrito de lo que te toca y con lo que conviene dejar de usar.

Trabajamos la piel como se trabaja un huerto: sabiendo qué lleva cada cosa y por qué. Formulamos en lote pequeño con botánicos de origen natural, escribimos la lista completa de ingredientes en cada frasco y te decimos con la misma claridad lo que un cosmético puede hacer y lo que no. En Ciudad de México atendemos en cabina y también armamos rutinas para llevar a casa, siempre empezando por leer tu piel antes de recomendarte nada.
Cada frasco lleva impresa su lista completa de ingredientes y su lote. Si algo no te cae bien, queremos saberlo: así se ajusta la siguiente tanda.
El oficio se nota en lo que no se hace: no prometemos curas, no cargamos la fórmula de activos que pelean entre sí y no vendemos el frasco caro a quien le falta el paso básico. Cada temporada ajustamos las texturas al clima —lo que sirve en la época seca no es lo que sirve en lluvias— y probamos cada lote en piel antes de sacarlo. Si tu caso pide dermatólogo, te lo decimos.

Todo empieza leyendo tu piel. De ahí sale lo que se hace en cabina y lo que te llevas a casa, en el orden que te toca y con el tiempo que cada paso necesita.


Una lectura tranquila de tu piel: tipo, barrera, zonas que se resecan y las que brotan. Sales con el orden escrito de lo que te toca y con lo que conviene dejar de usar.

Sesión larga con aceites infusionados, masaje facial y mascarilla de temporada. Menos extracción y más trabajo de circulación, textura y descanso.

Una base sencilla de limpieza, hidratación y protección para empezar un hábito sin apilar fórmulas ni cambiar todo de golpe.

La línea de activos: vitamina C estable, niacinamida, hialurónico vegetal, rosa mosqueta y jojoba. Frascos de 30 ml, formulados en lote pequeño y con lista completa de ingredientes.

Arcillas, enzimas de frutas y gel botánico para usar en casa una o dos veces por semana. Cada una indica para qué tipo de piel es y cada cuándo conviene.
No hay rituales en esa vista.
¿No sabes por dónde empezar? El diagnóstico dura media hora y se hace antes de venderte nada.
Ortiga
Raíz de regaliz
Semilla de chía
Rosa mosqueta
CaléndulaTrabajamos con botánicos de origen natural macerados sin prisa y en tandas chicas. Cada activo entra por una razón concreta —calmar, humectar, emparejar el tono— y ninguno promete curar nada: un cosmético cuida la piel, no trata enfermedades.
Si tienes piel reactiva, hacemos prueba de parche detrás de la oreja y esperamos 24 horas antes de que te lleves el frasco.
De cuatro a ocho semanas para textura y luminosidad, usándolo a diario. Las manchas tardan meses y nunca se van del todo sin protector solar. Quien te prometa resultados en una semana te está vendiendo otra cosa.
Por la mañana suele ir limpieza, sérum si corresponde, hidratación y protector solar. Por la noche se omite el protector y se incorporan los demás pasos de forma gradual.
Hay fórmulas que sí y otras que no: se evitan retinoides y ciertos aceites esenciales. Avísanos antes y te armamos la rutina con lo que sí es compatible; ante cualquier duda, consúltalo con quien lleva tu embarazo.
Guárdalos lejos de calor y luz directa, cierra bien cada envase y respeta el periodo recomendado después de abrirlo. Evita introducir dedos húmedos en frascos.
¿Tu duda no está aquí? Mándala por WhatsApp con una foto de tu piel a la luz del día y te contestamos con calma.
Tres pasos antes que cuarenta frascos: limpiar, equilibrar y sellar. Lo demás se suma cuando tu piel lo pide, no antes.

Empezamos infusionando aceites en la cocina para resolver una piel que no aguantaba nada de farmacia. De ahí salieron el primer bálsamo y la primera arcilla, y de ahí la costumbre que seguimos teniendo: comprar la planta a productores que podemos nombrar, macerar sin prisa y hacer lotes chicos que se acaban. Nos gusta que quien compra sepa de dónde viene cada ingrediente y quién lo preparó.
Compramos a productores que podemos nombrar y maceramos en la casa. Lo que entra al frasco pasó primero por nuestras manos.
Fotos del obrador y de la línea, tomadas tal cual se ven en la mesa de trabajo.

Cuéntanos qué tipo de piel tienes y qué te está pasando. Con eso te decimos si te toca cabina, rutina en casa o una consulta con dermatólogo.
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